El calentamiento global dejó de ser una advertencia lejana para convertirse en una realidad que impacta directamente la vida de las comunidades chiapanecas. Las lluvias intensas, las inundaciones y los deslaves registrados en diversos municipios en semanas recientes recordaron que el cambio climático no es solo un dato estadístico: es angustia, pérdidas y vulnerabilidad social. En este contexto, la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH) asume una postura activa para responder a esta crisis desde su estructura académica y operativa.
Desde las aulas, los pasillos y el trabajo cotidiano de su comunidad, la universidad impulsa acciones que, aunque a veces silenciosas, se sostienen en una convicción firme: la responsabilidad ambiental es parte esencial de la formación universitaria. A través de la Secretaría de Identidad y Responsabilidad Social Universitaria (SIRESU), la UNACH implementa un Sistema de Gestión Ambiental alineado a la norma ISO 14001:2015, lo cual garantiza que cada proceso esté planificado, documentado y evaluado bajo criterios internacionales.
El biólogo Jorge Arcadio Coello Cesma, responsable del Departamento de Gestión Ambiental de SIRESU, lo sintetiza con claridad al señalar que “cuidar el medio ambiente no es opcional”. Desde su perspectiva, la universidad forma a las personas que en un futuro tomarán decisiones determinantes para el bienestar ecológico, por lo que las acciones universitarias deben ser consistentes, estratégicas y pedagógicas.
Para consolidar este compromiso, la UNACH ha fortalecido la labor de sus gestoras y gestores ambientales, quienes funcionan como agentes especializados en cada facultad y unidad académica. Su papel es clave: acompañan, orientan y sensibilizan a docentes y estudiantes, permitiendo que la sustentabilidad no permanezca solo en el discurso, sino que se convierta en una práctica cotidiana que transforme hábitos y entornos.
En este esfuerzo, la complejidad de la crisis climática exige no solo acción operativa, sino también intercambio académico y trabajo multidisciplinario. Por ello, se consolidó la Red Académica UNACH de Estudios Ambientales, una plataforma que articula investigación, docencia y vinculación para complementar el trabajo de campo y ampliar la producción de conocimiento especializado sobre el entorno.
Dentro de las acciones concretas destacan campañas de reforestación y conservación del área verde conocida como la Colina Ecológica Universitaria, así como el acopio de residuos especiales, que incluye pilas, aceite usado de cocina y equipos electrónicos, materiales considerados de manejo especial que no deben mezclarse con desechos ordinarios. Estos esfuerzos se complementan con talleres de separación de residuos, la instalación de contenedores diferenciados y la implementación de Huertos Universitarios en las Facultades de Ciencias Sociales (Campus III, San Cristóbal de Las Casas) y Ciencias Administrativas (Campus VIII, Comitán).
Asimismo, se han creado jardines polinizadores en la Facultad de Ciencias Químicas (Campus IV, Tapachula) y en las extensiones Istmo, Costa y Soconusco, espacios que favorecen la biodiversidad y fortalecen los ecosistemas locales.
Todas estas acciones se sostienen mediante procesos sistemáticos de medición y seguimiento. Las y los gestores elaboran agendas ambientales con metas específicas, bajo la premisa de que “no es plantar por plantar: es cuidar lo plantado”; así como “no es reciclar si se puede, sino separar correctamente para evitar la contaminación”. Esta disciplina garantiza que la gestión ambiental universitaria se traduzca en resultados medibles y sostenibles.
Si bien estos esfuerzos no bastan por sí solos para frenar el deterioro planetario, la UNACH demuestra que los cambios profundos inician desde lo local. La universidad avanza con pasos firmes, constantes y comunitarios, recordándonos que cada acción suma, cada gesto importa, y que cuando muchas personas trabajan en una misma dirección, ese esfuerzo conjunto se convierte en un cambio real que trasciende los muros institucionales y se proyecta hacia la sociedad.
Texto: María del Carmen Nucamendi Estrada
Imágenes: Archivo / Fabián Marín Madrigal